Friday, June 1, 2012

Con atraso... ¿parece iniciarse un proceso de reparación al despojo y Guerra Sucia contra el pueblo Mapuche?

¡Una buena noticia, es la de que en el Parlamento Europeo se habla  de “proporcionar un debate constructivo sobre las formas de fortalecer económicamente a los mapuches en Chile, junto a la preservación de su cultura, identidad y tierras, libres de neocolonialismo”!. (http://radio.uchile.cl/noticias/154590/)


Nunca será demasiado temprano para que los organismos internacionales identifiquen los grandes problemas dejados por los procesos colonizadores y la ausencia de soluciones que persistió por la tendencia de los gobiernos "post-independencia". Se mantuvieron las relaciones de poder y control económico intacto. 

En América Latina esto fue una constante y los pueblos indígenas fueron excluidos y tratados con desprecio, aumentando el despojos adicional y con aparatos represivos dirigidos exclusivamente contra quienes exigieran reparación. Esto, al punto de que las tendencias originales fueron, incluso, de llevar al genocidio y franco exterminio de muchos pueblos originarios. En realidad los procesos de descolonización fueron evitados por las potencias coloniales y se desarrolló una colusión entre ellos y las nuevas burguesías, nacientes y herederas directas del sistema colonial. No hubo procesos genuinamente liberadores de los pueblos colonizados sino mantención del statu quo: los "herederos" de los colonizadores (hijos, nietos y similares por cultura, poder económico y franca alienación) no se plantearon la urgencia de restablecer los derechos perdidos por los pueblos sometidos/desplazados/esclavizados al momento de la colonización. Esto fue más notable en el caso de las grandes culturas pre-colombinas (Mayas, Aztecas, Incas: “ellos lograron sobrevivir… como pudieron”. Se trataba de una supervivencia al límite del exterminio: de los aproximadamente 80-90 millones de habitantes del conjunto de esas culturas, existentes a la llegada de los colonizadores españoles, quedan, por el efecto directo de las guerras colonizadoras y de ocupación, hacia fines del siglo XVIII, menos de 10 millones vivos. Están  en el margen de la vida y si viven en sus regiones, lo hacen desplazados, en “reducciones o reservas” donde la vida es muy marginal y con una pobreza creciente. Están fuera de las nuevas sociedades, a no ser por su inclusión forzada en sistemas de sometimiento y esclavitud. 

Otras culturas y pueblos menores en población  y de menos desarrollo social antes de la llegada de los "conquistadores" fueron empujados fuera de los límites de lo que fuese el nuevo país habitado (dizque independiente). Y se las dejó marginadas y, de ser posible, destinadas a que desapareciesen por la misma exclusión y la represión rutinaria programada. Onas, chonas, alakalufes y grandes grupos indígenas “escondidos”  ((o empujados a los márgenes mencionados) en Brasil, Colombia, Venezuela, Paraguay, Argentina, México, etc. Estos, -los grupos de menor densidad poblacional y desarrollo mencionados- gracias a una represión constante van desapareciendo por el diseño (“sin querer queriendo”) de las nuevas independencias nacionales. El fuerte “empujón descolonizador” vino al fin de la Segunda Guerra Mundial: aunque las burguesías nacionales y las nuevas formas internacionales represivas (es decir, la mentalidad imperio) trataran de quitarle su fuerza y sentido verdaderamente libertario y democratizador. Las regresiones socio-políticas globalizadoras no han ayudado mucho tampoco.

El pueblo Mapuche tuvo una “suerte diferente": por haber sido un pueblo que logró desarrollar una enorme lucha anti-conquistador y persistir en su intento por recuperar su cultura, tierras, idioma y restablecer su visión histórica, fueron sometidos a mayores y diferentes grados de despojo y de "guerras sucias". El caso de Argentina, donde casi se extermina al Mapuche, y el de Chile, donde no se le logra eliminar, el despojo persistió y se intentó, escondiendo la verdad y aumentando la marginación histórica, encontrar “la solución” y de una falsa "Pacificación de la Araucanía". Esta no era sino un intento de genocidio, desplazamiento y de ocupación de sus tierras. 

Pero las poblaciones crecen y, hacia las últimas décadas del siglo XX,  aumentan sus luchas oponiéndose al proceso represivo dictatorial y de dicta-blanda que sigue en remplazo a algunas dictaduras.  No es que las oligarquías, como el caso en Chile, donde “El Mercurio”, que decía en 1856 de la necesidad de eliminar al pueblo Mapuche hayan cambiado… pero otros vientos soplan en la región y los pueblos indígenas piensan diferente: quieren vivir con dignidad. Estas luchas de hoy, pese a la criminalización y represión violenta a las que son sometidas por el poder establecido y muy lejano de cualquier intento democrático, se ven más organizadas, siempre (y todavía) pacificas pero tenaces, y con repercusiones políticas nacionales e internacionales crecientes. Un nuevo amanecer se ve venir en los procesos más genuinamente democratizadores del mundo latinoamericano. 


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